Siéntate cómodo, apoya los pies y guía la exhalación un poco más larga que la inhalación. Imagina que barres el aire pesado hacia fuera, como hojas secas. Al inspirar, huele la frescura del sustrato húmedo. Cuenta ciclos durante cinco minutos y observa cómo bajan hombros y mandíbula. Este gesto sencillo antes de comer o trabajar corta la cadena del estrés, favorece la digestión y te devuelve la sensación de espacio interior.
Frota suavemente hojas de romero o lavanda y acerca los dedos a la nariz. Permanece con ese aroma treinta segundos, dejando que recuerdos amables surjan sin empujar. Esta micropráctica, repetida varias veces al día, lima picos de ansiedad y te recuerda pausar entre tareas. Evita aceites demasiado intensos si eres sensible y apuesta por plantas vivas. Comparte en comentarios qué fragancia te acompaña mejor y a qué momento del día la asocias.
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